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Los turbocompresores requieren un trato cuidadoso

Un turbocompresor proporciona más potencia y eficiencia. Por eso actualmente casi todos los motores de combustión están sobrealimentados, ya que incluso con una menor cilindrada se alcanza mayor potencia que con un motor de aspiración sin turbocompresor, sin olvidar un menor consumo de combustible y menos emisiones. Se habla de “downsizing”, una tendencia que en los últimos años ha ganado posiciones en el mundo del automóvil.

Los turbocompresores son como caballos de carreras. Ofrecen una potencia extraordinaria, pero son exigentes. Dado que alcanzan su número máximo de revoluciones en pocos segundos, es importante que su corazón, el denominado rotor, esté perfectamente lubricado. Esto no representa ningún problema con el motor caliente. Sin embargo, con el motor frío, el aceite es extraordinariamente denso. La consecuencia: el sistema no se lubrica correctamente; los componentes pueden friccionar entre sí y desgastarse más rápidamente.

Es importante precalentar
Por eso un coche con turbo no se debería acelerar a altas revoluciones hasta que se haya calentado. Para eso naturalmente no es buena idea hacer funcionar el motor cuando está parado. El aceite denso, en combinación con la reducida presión de aceite debido a las bajas revoluciones causan la misma dificultad en el rotor del turbo que un arranque en frío a todo gas. El camino correcto: conduzca los primeros kilómetros con su coche a entre 1000 y 2500 revoluciones por minuto.

Lo que muy pocos saben: después de un trayecto a gran velocidad en un coche con turbo, el motor no debería pararse inmediatamente, sino dejarlo funcionar al menos medio minuto más, ya que en trayectos bajo grandes cargas se producen temperaturas muy altas en la turbina. Si el calor permanece en el sistema, existe el riesgo de que el aceite se queme directamente en el turbocompresor o en los conductos de entrada y salida. Se origina la denominada carbonilla, que atasca los conductos y que fricciona los componentes del motor como si fuera papel de lija.

Proceso gradual
Los turbocompresores se resienten rápidamente cuando se hace caso omiso de sus necesidades. Sin embargo, no siempre lo demuestran de la misma forma. Si un buen día sale humo azulado por el tubo de escape, el coche no responde bien aun yendo a todo gas o el consumo de aceite se incrementa considerablemente, podría haber un daño en el turbocompresor. En ese caso deberá acudir con el coche al taller cuanto antes.

Solicite piezas de recambio originales
Nuestros turbocompresores también están disponibles como piezas de recambio. Además, MAHLE ofrece su apoyo a los talleres mediante cursillos técnicos, catálogos electrónicos y folletos sobre daños y Technical Messenger.